Hay quien tiene hijos. Hay quien no tiene hijos.

Hay quien desea tenerlos y quien ni se lo plantea. A veces parece que debemos agruparnos entre estos dos grupos. Lo que sí está claro es que todos, absolutamente todos, somos hijos. Y lo cierto es que, los hijos, te cambian la vida. Una de las cosas que logran hacer contigo es reafirmarte como persona.

La maternidad y la paternidad dan un giro a tu vida tan grande que, o te rompe los esquemas, o te hace luchar por tus ideas de forma más determinada, o te cambia hábitos, rutinas, forma de vida… o, incluso, todo a la vez.

En la Fiesta de la Diversidad que organizamos hace unos días compartimos momentos muy especiales. Nos juntamos familias de diferentes tipos: parejas sin hijos, parejas solteras aunque amigos entre ellos y con hijos, parejas de mujeres, de hombres y de hombre y mujer, tíos, tías, sobrinas…

Familias con un hijo, con dos, con tres… Familias que eligieron la adopción, otras la gestación subrogada, otras la fecundación in vitro y otras tuvieron hijos “biológicos”. ¡Qué gran riqueza!

Crear una familia y que crezca día a día es focalizarnos en lo mejor que tenemos y explotarlo al máximo. Es fundamental ser autocríticos y exigentes para aprender de los demás. Básicamente esto es lo que necesitan nuestros hijos: en primer lugar darles todo el amor para que crezca su autoestima y seguridad, jugar para dar rienda suelta a su creatividad, ponerles límites para que aprendan y tomen consciencia de su entorno, y exigirles para que consigan lo que se propongan basándose en su trabajo y su propio esfuerzo.

Es centrarse en lo que nos une, en lo que nos hace crecer como personas individuales. Porque eso repercute en la familia y, por supuesto, en la sociedad en la que vivimos.

Las imágenes hablan por sí solas. Aquí, en este post, os dejamos algunos momentos que, para nosotras, fueron de los más bonitos. ¡Disfrutadlos!

¿Qué tienen en común para ti nuestras fotos?

Fotos por Victòria Peñafiel